¡Por fin volvió la calma a sus patitas!
Llevábamos más de un año gastando una fortuna en Apoquel, inyecciones de Cytopoint y croquetas especiales, pero nada solucionaba el problema de raíz. Mi perro se rascaba tanto y se lamió las patas hasta dejarlas en carne viva. Estaba desesperada. A las dos semanas de darle las gotas de Velmira, el lamido compulsivo se detuvo por completo y su piel comenzó a sanar. ¡Por fin encontré algo directo que sí funciona de verdad!